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Estilo de apego28/08/202618 min de lectura

Apego evitativo desdeñoso: qué es y qué lo cambia

Qué es el apego evitativo desdeñoso, en qué se diferencia del narcisismo y el experimento que encontró la grieta bajo la calma.

Una mujer frente a un ventanal de noche, con dos personas reflejadas en el cristal a su espalda
Contenido
  1. ¿Qué es el apego evitativo desdeñoso?
  2. ¿Cuáles son las señales del apego evitativo desdeñoso?
  3. La paradoja de la autoestima
  4. ¿El apego evitativo desdeñoso es lo mismo que el narcisismo?
  5. ¿Es distinto el apego evitativo desdeñoso en las mujeres?
  6. ¿Qué quiere una persona evitativa desdeñosa?
  7. ¿Se puede cambiar el apego evitativo desdeñoso?
  8. Preguntas frecuentes
  9. Fuentes

Después de dos años juntos, él diría que su relación va bien. Tranquila, respetuosa, sin dramas. Esa misma semana ella está en la cocina de una amiga, llorando, porque no consigue recordar la última vez que él le contó algo que le importara de verdad. Ninguno de los dos miente. Están describiendo la misma relación desde los dos lados de una puerta cerrada.

Esa combinación, uno cómodo a una distancia con la que el otro apenas puede vivir, es la cara cotidiana del apego evitativo desdeñoso. Es la versión de la evitación en la que la distancia no solo resulta más segura. Es que ahí se está bien.

Para todo lo que viene después ayuda una imagen: una puerta que alguien sujeta cerrada con una mano. Mantenerla así cuesta un esfuerzo real, pero la mano lleva tanto tiempo ahí que el esfuerzo ya no se nota como esfuerzo. Casi todo este artículo trata de lo que encontraron los investigadores cuando esa mano hizo falta en otro sitio.

Ideas clave

  • El apego evitativo desdeñoso combina una evitación alta de la cercanía con una ansiedad baja por el abandono. El «estoy bien solo» casi siempre se siente verdadero desde dentro.
  • Es un estilo de apego, no un diagnóstico, y no es lo mismo que el narcisismo ni que el trastorno de la personalidad por evitación.
  • La imagen segura de uno mismo forma parte de la defensa. En los experimentos aguanta en calma y se agrieta bajo carga mental.
  • En el día a día la supresión funciona de verdad, y por eso cuesta tanto verlo desde dentro.
  • El cambio es posible, y se sostiene en confidencias pequeñas y repetidas más que en haberlo entendido.

¿Qué es el apego evitativo desdeñoso?

El apego evitativo desdeñoso es una forma de relacionarse en la que la persona mantiene distancia emocional en sus vínculos cercanos y apenas teme que la dejen. En los dos diales con los que los investigadores cartografían el apego, eso significa evitación alta de la intimidad junto a ansiedad baja por el abandono. El resultado es alguien que prefiere la autosuficiencia, que lee las necesidades de su pareja como excesivas y que vive la distancia como comodidad y no como pérdida.

Lo que distingue a este estilo es justamente la parte tranquila. El patrón evitativo en general tiene dos versiones. La persona evitativa temerosa quiere la cercanía y la teme a la vez, y sus intentos de empujar los sentimientos hacia abajo fracasan casi siempre. La persona evitativa desdeñosa es aquella a la que ese empujón le sale bien. En el laboratorio, cuando estas personas apartaban los pensamientos sobre una pareja que se va, los pensamientos se quedaban fuera de verdad, y la conductancia de la piel se mantenía igual de baja. Esa calma se puede medir. El apego evitativo temeroso es una mezcla más pesada y tiene su propio artículo, igual que el mapa de los cuatro estilos.

Alrededor de un adulto de cada cuatro se inclina hacia la evitación en sentido amplio. Cuántos de ellos son desdeñosos en concreto es más difícil de precisar, porque los estilos son diales y no casillas, y la mayoría de la gente queda entre las esquinas.

Conviene dejar una cosa clara desde el principio, porque muchas búsquedas dicen «personalidad evitativa desdeñosa». Esto es un patrón aprendido, no un trastorno de la personalidad y tampoco una enfermedad mental. Más abajo lo vemos con calma.

¿Cuáles son las señales del apego evitativo desdeñoso?

Las señales principales son una identidad construida sobre la autosuficiencia, la incomodidad cuando la pareja trae emociones a la conversación, relaciones que se estancan a cierta profundidad y una llamativa falta de preocupación cuando terminan. Donde una persona ansiosa repasa una ruptura durante meses, una persona evitativa desdeñosa se siente más ligera a los pocos días y da esa ligereza por buena.

Desde fuera, los movimientos del día a día son las clásicas estrategias de desactivación, esas maniobras pequeñas que devuelven la distancia. Respuestas más lentas después de un fin de semana en el que hubo más cercanía de lo normal. Defectos que aparecen de golpe. Un «es que todavía no estoy listo» que ya va por el tercer año. El catálogo completo está en el artículo sobre apego evitativo y no hace falta repetirlo aquí.

Lo que ese catálogo no cuenta es la vista desde dentro. El estilo tiene una voz, y la voz suena razonable.

La pareja pregunta hacia dónde va la relación y, antes de que llegue ningún sentimiento, ya hay un pensamiento: «¿Por qué todo tiene que llevar una etiqueta?». Una noche sale de verdad cálida y a la mañana siguiente aparecen las ganas de estar solo, con una contabilidad silenciosa detrás: «ayer di mucho». Termina una discusión, se cierra la puerta, entra el alivio, y el alivio se presenta como prueba: «yo estaba bien antes de todo esto».

Desde dentro, ninguno de esos pensamientos parece una defensa. Cada uno parece una observación exacta sobre un mundo que pide demasiado.

Hay otra costumbre interna que Levine y Heller bautizaron como el ex fantasma: esa pareja del pasado, idealizada, que deja en la sombra a cualquiera del presente. Añorar a alguien inalcanzable es una manera segura de sentirse enamorado. No pide nada y no arriesga nada.

La paradoja de la autoestima

Pregúntale a una persona evitativa desdeñosa por sí misma y recibirás un informe sólido. En los cuestionarios estas personas se describen en positivo, y en el clásico modelo de cuatro categorías su imagen de sí mismas figura oficialmente como positiva, con las expectativas negativas reservadas para los demás. Y aun así, en las consultas y en los artículos se repite lo contrario: que por debajo esas mismas personas se creen defectuosas de alguna manera. Las dos afirmaciones suenan plausibles. También se contradicen, y casi nadie que escriba del tema se da cuenta.

Un experimento de 2004 unió las dos mitades. Mikulincer, Dolev y Shaver pidieron a unos estudiantes que recordaran una ruptura dolorosa y que después suprimieran todo pensamiento sobre ella mientras hacían una tarea con palabras. La trampa estaba en una segunda condición: allí los participantes tenían además que mantener en la memoria un número de siete cifras todo el rato. Una carga mínima, del tamaño de esos números de teléfono que antes se sabía todo el mundo de memoria.

Con la atención libre, los participantes evitativos lo hicieron de maravilla. Los pensamientos sobre la ruptura se quedaron fuera de su alcance y sus autodescripciones salieron incluso más positivas de lo habitual. Los investigadores lo llamaron inflación defensiva de la autoimagen: la seguridad se hincha justo porque debajo hay algo que se está sujetando.

Con el número en la cabeza, el cuadro se dio la vuelta. Los pensamientos de separación salieron a la superficie, y con ellos unas ideas negativas sobre uno mismo que la condición tranquila no había mostrado nunca. No un mal humor general. Creencias concretas y duras sobre sí mismos que, por lo visto, llevaban ahí todo el tiempo.

En términos de la puerta: la mano estaba ocupada sujetando siete cifras, y la puerta se abrió.

Esto resuelve la paradoja. La autoestima alta es real como experiencia, y se sostiene mientras haya atención de sobra para sostenerla. Con cansancio, con una enfermedad, con una pérdida o con nada más dramático que una semana desbordada, lo que se había empujado hacia abajo vuelve a subir tal cual, sin digerir.

La misma arquitectura aparece en otro laboratorio. En la Entrevista de Apego Adulto, los adultos clasificados como desdeñosos suelen describir su infancia con resúmenes luminosos: una madre maravillosa, una casa normal. Cuando se les piden recuerdos concretos que sostengan ese resumen, no encuentran ninguno, o los detalles que aparecen apuntan hacia el rechazo y la distancia. La generalización brillante sobrevive solo mientras nadie mira debajo.

¿El apego evitativo desdeñoso es lo mismo que el narcisismo?

No. Desde el otro lado de una mesa pueden parecerse, porque en los dos casos hay autosuficiencia, poca empatía a la vista y una cierta frialdad. Los motores son distintos. Una persona narcisista necesita público y corre hacia la admiración. Una persona evitativa desdeñosa corre para que no la miren, y hasta los elogios pueden resultarle incómodos, porque el problema es justamente que la vean de cerca. Cuando algo duele, uno acusa a los demás en voz alta. El otro se calla y se va.

La empatía también los separa. En el apego evitativo desdeñoso suele estar intacta, pero pasa por una compuerta. Dejar entrar el malestar de la pareja encendería todo lo que este estilo trabaja para mantener apagado, así que la compuerta se queda cerrada justo en los peores momentos. Eso duele de verdad a quien está al lado, y sigue sin ser el patrón superficial e instrumental que los clínicos describen en el narcisismo.

El trastorno de la personalidad por evitación es una tercera cosa distinta: una condición clínica construida sobre un miedo intenso al rechazo que le encoge a la persona la vida social entera. Las personas evitativas desdeñosas suelen estar cómodas en compañía, son divertidas en una cena con amigos y buenas compañeras de trabajo. Su dificultad empieza solo donde empieza la profundidad emocional. Un estilo de apego es un ajuste humano corriente, la posición de unos diales, no una enfermedad, y ninguna de las tres etiquetas se puede asignar desde un artículo de blog. Si la pregunta «¿me pasa algo?» te pesa de verdad, un profesional puede ayudarte a responderla como corresponde, y preguntar es una forma de cuidarse.

¿Es distinto el apego evitativo desdeñoso en las mujeres?

A menudo sí, porque el retrato estándar de este estilo es masculino sin que nadie lo diga: todo frialdad y huida del compromiso. Las mujeres con el mismo patrón suelen disimularlo mejor. Las expectativas sociales premian a las mujeres por implicarse a la vista de todos, así que la evitación se esconde dentro de la competencia. Ella se acuerda de los cumpleaños, organiza el viaje, aparece con cariño y pasa meses sin decir nada verdadero sobre su vida interior. «Es que soy muy independiente» funciona a la vez como descripción y como elogio, así que nadie lo cuestiona, ella incluida. Los hombres puntúan algo más alto en evitación en promedio, pero la diferencia es modesta, y la versión femenina se distingue sobre todo en el envoltorio.

¿Qué quiere una persona evitativa desdeñosa?

Cercanía con el control de la dosis. Detrás de toda la maquinaria de la desactivación está la misma necesidad humana de vínculo que tiene cualquiera, y ese es el hallazgo central de la investigación sobre el apego adulto. En la práctica, una persona evitativa desdeñosa quiere una relación que se mantenga cálida sin subidas repentinas de exigencia. Constancia, aire para respirar, cariño que no llegue con una factura debajo.

La distancia es la manera en que el estilo gestiona el amor, no una prueba de que el amor falte. Las parejas suelen aprenderlo tarde, a veces solo después de la ruptura, cuando la persona evitativa reaparece, porque a una distancia segura el cariño vuelve.

¿Se puede cambiar el apego evitativo desdeñoso?

Sí, despacio y sobre todo haciendo, no entendiendo. La sola comprensión suele rebotar en este estilo, y por una razón mecánica: las defensas se activan pronto y en automático, y filtran incluso lo que llega a registrarse, antes de que el pensamiento consciente tenga voto. Alguien puede estar de acuerdo con cada párrafo de este artículo y sentir igualmente las ganas de cancelar los planes de esta noche.

Lo que mueve el patrón es la experiencia repetida de aquello de lo que avisa. Decir una frase verdadera y que nadie te la haga pagar. Quedarse tres minutos más en una conversación de la que el cuerpo te pide salir. Pedir una ayuda pequeña y comprobar que no pasa nada malo. Los investigadores del apego llaman a ese destino la seguridad adquirida, y la gente llega de verdad hasta ahí, casi siempre junto a una pareja estable, con un profesional o con las dos cosas. La terapia funciona aquí menos como explicación y más como un sitio donde practicar eso de dejarse conocer, con alguien al lado.

El tiempo juega discretamente del mismo lado. Un trabajo que siguió a adultos a lo largo de 59 años encontró que la evitación baja con la edad en promedio, incluso en personas que nunca se lo propusieron. Proponérselo acelera lo que la edad hace de todos modos.

Aquí caben dos avisos honestos. Los plazos se cuentan en meses y años, y ningún estudio ha encontrado un atajo. Y emparejarse con alguien muy ansioso suele hacer la práctica más difícil, porque la trampa entre el apego ansioso y el evitativo castiga justo la apertura que hay que ensayar. El recorrido completo de la práctica está en cómo desarrollar un apego seguro.

Nada de esto le pide a nadie que abra la puerta de par en par. Para la pareja del principio del artículo, la versión que funciona es mucho más pequeña. Él nota la mano que sujeta la puerta. La deja descansar un minuto, y luego otro, dice una cosa que le importa de verdad y descubre que en esa cocina se puede respirar. Así es como este experimento termina bien fuera del laboratorio.

Preguntas frecuentes

Sí. La investigación con adultos evitativos encuentra el sistema de apego intacto bajo la superficie serena, con respuestas fisiológicas de estrés que la propia persona no dice notar. El estilo suprime la expresión de la necesidad, no el vínculo. Eso es de verdad duro para quien está al lado, pero es distancia, no ausencia.

Los dos evitan la cercanía, y la diferencia está en la ansiedad. Evitativo desdeñoso significa evitación alta con poco miedo al abandono, y la supresión emocional funciona casi siempre. Evitativo temeroso significa evitación alta más ansiedad alta, querer la cercanía y temerla a la vez, con unas defensas que fallan una y otra vez. El primero está bien a solas. El segundo casi nunca.

No. Es un estilo de apego, un patrón aprendido y común de manejar la cercanía, y en su forma amplia aparece en alrededor de una cuarta parte de los adultos. Es algo distinto del trastorno de la personalidad por evitación, que sí es un diagnóstico clínico y trae un miedo al rechazo que abarca toda la vida social. Solo un profesional puede evaluar un trastorno.

A menudo, cuando la distancia ya ha hecho su trabajo. Justo después de la ruptura, la persona evitativa desdeñosa suele sentir alivio y se le ve bien. Semanas o meses más tarde, sin la presión encima y con el ex a una distancia segura, los sentimientos cálidos vuelven a estar disponibles, y es entonces cuando reaparecer se siente natural. Eso dice más sobre la mecánica del estilo que sobre un cambio de opinión meditado.

Cualquier cosa que suba de golpe lo que hay en juego emocionalmente. Que le pidan sentimientos de forma directa, unas lágrimas que se espera que arregle, las etiquetas y las conversaciones sobre pasos importantes, o que la necesiten más de lo habitual. Los elogios y la cercanía provocan la misma retirada que el conflicto, porque el detonante es la profundidad en sí, no lo negativo.

Fuentes

  1. Bartholomew, K., & Horowitz, L. M. (1991). Attachment styles among young adults: A test of a four-category model. Journal of Personality and Social Psychology, 61(2), 226-244.
  2. Mikulincer, M., Dolev, T., & Shaver, P. R. (2004). Attachment-related strategies during thought suppression: Ironic rebounds and vulnerable self-representations. Journal of Personality and Social Psychology, 87(6), 940-956.
  3. Fraley, R. C., & Shaver, P. R. (1997). Adult attachment and the suppression of unwanted thoughts. Journal of Personality and Social Psychology, 73(5), 1080-1091.
  4. Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2016). Attachment in Adulthood: Structure, Dynamics, and Change (2nd ed.). Guilford Press.
  5. Levine, A., & Heller, R. (2010). Attached: The New Science of Adult Attachment. TarcherPerigee.
  6. Karen, R. (1998). Becoming Attached: First Relationships and How They Shape Our Capacity to Love. Oxford University Press.
  7. Chopik, W. J., Edelstein, R. S., & Grimm, K. J. (2019). Longitudinal changes in attachment orientation over a 59-year period. Journal of Personality and Social Psychology, 116(4), 598-611.